Nicolás levantó la mirada y por un instante creyó ver a Diana frente a él:
—¡Diana! ¡Has vuelto! ¡Por fin has regresado! Te he buscado tanto tiempo, por todo Belamar, sin encontrarte...
La atrajo de manera violenta hacia él, dejando caer lágrimas calientes sobre la ropa de la chica, haciéndola temblar por completo. Pero en un segundo recuperó la lucidez y notó que algo no estaba del todo bien: su aroma no se parecía en nada al de Diana. ¡No era su Diana!
Empujó a la joven y la inmovilizó contra