Capítulo 2 Nuevo sendero.

   Johana era un manojo de nervios dentro de un avión privado propiedad de Robert Mendoza, aún no despegaba y ya quería bajarse, aunque el avión fuera de lo más cómodo y lujoso, a su mente solo venían imágenes de películas de aviones cayendo.

   —Johana puedes dejar de mover esa pierna y de rascarte —susurró Sonia a su lado y acercándose para que solo ella escuchara, reclamó a su estilo hiriente—, que rústica tienes que ser siempre, ¿será que te pegaron las pulgas tus animales?

   —Ya no soy solo una niña rústica y asquerosa, ahora también soy pulgosa —dijo Johana sonriendo para hacer exasperar a Sonia.

   —Shhh

   Susurró Sonia y Johana miró frente a ellas, experimentando como de costumbre la arritmia que sentía al ver al hombre que subía al avión.

   Robert Mendoza…

   —Buenos días, señora Sonia —Robert hizo un asentimiento a Sonia y luego miró a Johana—, hola, Johana…

   Johana asintió con la cabeza, lo observó mientras él se quitaba su chaqueta de cuero y se sentaba en la otra hilera de asientos, el aroma de su colonia impregnó el espacio y Johana tomó una bocanada de aire para llenar sus pulmones, no lo había vuelto a ver desde que regresaron a vivir a La Madonna, Robert le hizo un guiño y así Johana entendió que estaba mirándolo, se irguió en su asiento, «compórtate Johana».

   Robert sonrió al ver a Johana erguirse y disimular que se lo comía con los ojos, Johana era hermosa y exuberante, su larga melena azabache era su perdición y le encantaría verse envuelto por ella.

   —¡Robert!... —Sonia lo llamó sacándolo de sus pensamientos—, en nombre de los Martino, te agradezco la oportunidad que conseguiste para Johana en esa prestigiosa universidad.

   —No es nada señora —contestó Robert sonriendo—, Johana es excelente veterinaria, estoy seguro de que no me dejará mal.

   —No, no te dejaré… —contestó Johana con mirada embobada, a Robert le brillaron los ojos de risa y Johana tosió—, perdón, es decir, claro que lo haré bien, podrás comprobar con los profesores que seré buena estudiante.

   —Las clases de postgrado ya comenzaron y me quedaré unos días en Italia, podría ayudarte.

   —Ay… ¡Qué bueno!, muchas gracias Robert —interrumpió Sonia a su estilo impertinente de categoría—, que bueno puedas ayudar a Johana con tutorías personalizadas varias veces a la semana.

   —No hace falta, Sonia, ¡auch!…—se quejó Johana audiblemente al pisotón que le dio Sonia, Johana pudo leer sus expresiones como si le gritara: ¡silencio, deja que sea tu tutor!

   —Oh perdón mi niña, es que se me acalambró una pierna, de seguro con Robert que tiene tanta experiencia te irá bien.

   —Johana es una veterinaria excelente y tiene más vocación que yo que prefiero manejar mis negocios.

   —Oh claro, eres un joven con mucho mundo —lo alabó Sonia y ahora se dirigió a Johana—. Johana, hay tanto que ver en Italia y yo estaré tan ocupada —Sonia hizo una pausa y miró a Robert de refilón—; estoy segura de que Robert podrá llevarte de paseo mientras esté en la ciudad.

   Johana quiso morirse, como siempre si se trataba de pescar un millonario, Sonia era tan sutil como un tractor en un jardín, resistió las ganas de darle ella un pisotón a la indiscreta mujer.

   —Ya Sonia, no lo comprometas, él no quiere ser guía turístico —susurró Johana.

    Ninguno hizo comentario; después de un rato volando, Johana escuchaba música relajante con audifonos y cubre ojos.

  —Iré a acostarme en una habitación del avión —dijo Sonia retirándose con su habitual elegancia por el pasillo del avión privado.

   De vez en cuando, Johana no resistía mover un poco él cubre ojos y fijarse en Robert que estaba por completo concentrado en una laptop con su trabajo, entonces el avión comenzó a agitarse como si pasaran baches.

   —Ay Virgen Santísima —exclamó Johana en voz alta, quitándose los audífonos y cubre ojos de un tirón a tiempo de que otra turbulencia agitaba el avión—, Dios mío, yo lo sabía, las alturas son para los pájaros, este aparato se va a caer.

Robert se aguantó las ganas de reír con las ocurrencias de Johana.

   —Tranquilízate, Johana —dijo Robert y el capitán se comunicó por el parlante—, me disculpo por las molestias, estamos atravesando nubes de tormenta, en breve no habrá inconvenientes.

   —Ay Diosito no me confesé con el padrecito antes de montarme en este aparato.

   Dijo Johana mirando hacia arriba y agarrada a su asiento con fuerza.

   —No seas dramática mujer, los accidentes aéreos son muchísimo menos probables que los automovilísticos y tú conduces, allí estás más propensa a un accidente.

   —Pero de los pocos accidentes aéreos nadie se salva, nos haremos puré para peces, seguramente caeremos en el océano.

   Robert se echó a reír.

   —Pero qué imaginación tienes, al menos no sentiremos nada al ser devorados, ya a esas alturas seremos puré.

   Robert se sentó junto a ella, debía calmarla, la chica estaba muy nerviosa y ya hiperventilaba.

   —Johana, cálmate, respira…, el capitán dirige el avión sobre las nubes de tormenta, pasará rápido.

   —¡Ese hombre es un demente, nos lleva más arriba! —gritó Johana ya completamente desesperada.

   Una pequeña turbulencia se sintió y retomaron la estabilidad, Johana tenía su mano apretando el antebrazo de Robert a través de su camisa, ella solo se dio cuenta cuando la otra mano de Robert arropó la de ella.

   —Ya pasó pequeña.

   Johana enrojeció como una cereza y se le humedecieron los ojos.

   —¿Será que ya es seguro levantarse? —preguntó Johana con la voz entrecortada.

   —Claro que sí, todo está bien.

   Johana lo intentó, pero sus piernas temblaban como gelatina, acababa de pasar el susto más grande de su vida y las lágrimas amenazaban con salir y no quería que Robert la viera llorando, pero sus piernas no respondían para levantarse.

   —Únicamente quiero salir de aquí —dijo Johana cubriéndose el rostro con ambas manos—, quédate a mi lado, por favor —Robert acarició su cabello para calmarla— ¿Qué veías en tu laptop?

   —Ah… —respondió Robert desconcertado—, cosas de economía, no lo entenderías.

   —No estudié economía, pero no soy tarada —respondió Johana de mala manera—, solo quería tener una conversación.

   —No creo que seas tarada —respondió Robert sonriendo—, pero si me pusiera a hablar de economía te quedarías dormida.

   —Sería bueno, quisiera dormirme.

   —Hazlo, usa mi hombro —Johana se encogió tímida y se sonrojó.

   —Iría a una de las lujosas habitaciones si pudiera dormir —Johana se estremeció—, no creo que pueda acostarme —Johana se acercó y le dijo en secreto—, si me acuesto, nada más veré imágenes de aviones cayendo.

   —¿Por qué susurramos? —dijo bajito Robert divertido muy cerca de ella.

   —Porque no quiero atraer la mala suerte —dijo Johana en voz baja y puso los ojos en blanco—, acaso no sabes que no se puede decir esas cosas en un avión.

   —Supersticiosa —, Robert la llamó con su mano para decirle un secreto, Johana acercó su oído y él le susurró—. Vamos a mi habitación y te prometo que no pensarás en aviones cayendo.

   Johana lo miró con antipatía.

   —Mejor te vas a tu asiento, ya me siento mejor.

   Robert sonrió.

   —Bueno, si prefieres seguir imaginando cómo el avión caerá y nos convertiremos en puré para peces…, yo solo quería distraerte.

 —Eres un mujeriego sinvergüenza —Johana respondía airada, pero en voz baja—, déjame en paz, tú tienes novia, la rubia sifrina¹.

   Robert maldijo su mala suerte por enésima vez, si Johana no hubiera visto nunca a Natalie, hubiera podido tenerla desde hace tiempo.

   Flashback

   Robert estaba en su estudio, tenía una videoconferencia con la mesa directiva de España de su corporación Grupo Mendoza y otros pendientes, ya tenía mucho tiempo anclado en su hacienda, pero ahora no podía irse, pronto sería navidad y él lo pasaba siempre con su madre, también era anfitrión de todos los habitantes de La Madonna, mientras construían desde cero, miró su reloj de pulsera las 1:35 AM, cansado decidió que ya era momento de dormir un poco, la jornada en la hacienda empezaba muy temprano.

   Iba por el pasillo que llevaba a su habitación, cuando justamente al pasar por la puerta de Johana, ella abre la puerta.

   Johana estaba dormida cuando escuchó los rasguños a la puerta y maullidos desesperados de su gata Suertuda.

   —Suertuda, tengo sueño…

   La gata continuó con más ahínco, Johana se levantó media dormida y abrió la puerta, Robert estaba justamente pasando y ella brincó de susto al verlo, la gata salió corriendo.

   —Eh, yo solo abrí la puerta a Suertuda —dijo Johana nerviosa.

   — ¿Estás segura de que no me esperabas?

   Robert la miró de arriba abajo y Johana instintivamente haló su camisón para cubrir sus piernas, Robert observó sus ojos almendrados color café, ligeramente hinchados, las mejillas rojas y la melena alborotada.

   —Es mejor que regrese a dormir.

   Johana quiso cerrar la puerta, Robert la retuvo, no lo pensó mucho, solamente actuó, no podía dejar que escapara.

   — ¿No esperarás a Suertuda?

   —Ella rasguña la puerta para que la deje entrar —contestó Johana inocente.

   Robert se acercó aun sujetando la puerta.

   —Dame un beso de buenas noches y me iré feliz.

   Robert la miraba sonriendo mostrando los hoyuelos en las mejillas que le encantaban a Johana.

   —Estás loco, quítate, si alguien te ve aquí, pensaran mal de mí.

   Robert no se movió.

   —Con más razón, es mejor que nadie me vea, dame un beso cortito y podré descansar.

   —No…, te acusaré con tu madre y con mi hermano, les diré que me molestas.

   —Johana —Robert la miró con cara de cachorro desvalido— ¿te molesto?, yo que he estado tan pendiente de ti, solo recibo insultos, me esmero por agradarte y tú…, bueno está bien, supongo que tienes novio —Robert bajó la cara y miró el piso.

   —Yo no tengo novio —respondió Johana mortificada—, es solo que no está bien…

   —Johana dime algo y no mientas ¿Yo te gusto?

   Johana mordió su labio inferior.

   —Bueno te daré un beso en la mejilla, porque quiero dormir.

   Johana inocente pensó que era una manera de evadir la conversación incómoda, a Robert le causó mucha ternura la actitud infantil de Johana, pero cuando ella se acercó y sintió de cerca el aroma a almizcle de ella, no se pudo controlar, Johana lo besó en la mejilla y él la capturó por la cintura y besó sus labios con ternura, ella se quedó quieta un segundo antes de responder al beso, era lo que Robert necesitaba, aceptación, él sujetó su rostro y metió sus dedos en su cabello, la pegó contra la pared y siguió devorándola, Johana escuchó la puerta cerrarse y se removió nerviosa.

   —No queremos que nos vean basándonos en el pasillo —susurró Robert contra sus labios y continuó besándola.

   Johana lo abrazó y se sentía en una nube de lujuria en este momento, entre la pared y Robert que besó su cuello y metió su lóbulo entre sus labios donde susurró:

   —Te deseo Johana…

   Robert subió el camisón hasta acariciar su vientre y cintura con ambas manos, Johana gemía sintiéndose perdida en la sensación placentera, en el aroma de la costosa colonia y el sabor de sus labios.

   —Robert, no podemos continuar…

   Él se agachó ante ella y besó su abdomen, pasó su lengua hasta dejarla en el ombligo, donde delineó en círculo agarrando con sus grandes manos su estrecha cintura, él se levantó y quiso quitar su camisón, pero Johana se separó de él.

   —No, por favor, no sigas —dijo jadeando.

   — ¿Cuál es el problema Johana? Ambos lo deseamos —contestó con desesperación y rabia.

   —Yo soy decente, Robert, por favor vete —contestó con convicción.

   Robert la miró con cara de pena, pero ella no se dejó convencer, lo empujó sonriendo hacia la puerta.

   —Hasta mañana Robert, te parece muy extraño que una chica pueda decirte no, pues fíjate que sí es posible.

   Suertuda apareció de nuevo acariciando las piernas de Robert y marcándolo como de ella.

   —Creo que Suertuda está más enamorada de ti que yo.

   Robert la miró sonriendo y ella bajó la cara sonrojada, él con delicadeza levantó su rostro y la miró a los ojos.

   —Es bueno saberlo —le dio otro beso y se separó de ella—, cierra con seguro, quizás no pueda controlarme.

   Al día siguiente llegaron a la hacienda un grupo de amigos de Robert, él no los esperaba, vinieron de sorpresa a pasar las fiestas navideñas en su hacienda, la mayor sorpresa fue ver a Natalie, Robert pensaba que había ido a España con sus padres, ella brincó en sus brazos y le dio un largo beso apasionado.

   —No creerás que te dejaría solito en navidad, osito.

   Robert se quedó mudo y le sonrió apenas, miró a su alrededor y ahí estaba Johana, lo había presenciado todo…

FIN DEL FLASHBACK

Sifrina¹: Persona superficial que denota actitud despectiva hacia los demás.

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