Estaba en la tienda, aburrida por que llegaba muy poca gente, Martha, mi compañera de turno llevaba más de dos horas limpiando el mismo estante argumentando que acomodaría todo por colores y no por tamaño, ya habíamos limpiado todo lo demás y el turno aún no terminaba, faltaban tres horas para que dieran las nueve de la noche. Seguía con la rutina de mirar mi celular en busca de alguna señal de vida proveniente de Val. Pero nada, ni una llamada de equivocación por su parte, esto no me daba bien