Juan se acercó a Elizabeth y la abrazó con ternura, se olvidó de su propio dolor y quiso hacerla sentir mejor.
- No llores, no te merece... Él intentó quebrarte, pero lo que no sabe es que yo te respaldo.
- Tú sabes más, necesito saberlo.
- Cariño, no he querido ser invasivo con un tema que sé que aún te lastima. Pero hay mucho que tú no sabes dijo mientras le daba un tierno beso.
- Cuando escapé, Gabriel me prestó su teléfono y cuando llamé a Roberto pidiéndole ayuda una mujer me dijo que tení