Elena entró corriendo a la habitación del hospital.
Varias enfermeras rodeaban a su padre, ajustando los monitores y revisando las vías intravenosas.
Él lucía pálido.
Mucho más débil de lo que había imaginado.
—¿Papá? —llamó suavemente.
Una de las enfermeras la miró.
—¿Cómo está su condición? —preguntó Elena de inmediato.
La enfermera terminó de ajustar la vía antes de responder.
—Está estable por ahora, pero sigue muy débil. Sus signos vitales no están donde nos gustaría.
Le ofreció una sonris