—¡Jajaja, así está mejor!
Al entrar a la habitación, Sofía acomodó su ropa y se fue a duchar.
Tomé mi teléfono para revisar los mensajes.
A esta hora, Lucas debería seguir en el avión, así que no me enviaría mensajes.
Pero aun así, no podía evitar querer revisar.
Mi ánimo oscilaba entre la exaltación y la inquietud. Esta agitación, esta mezcla de anticipación y nerviosismo, no correspondía en absoluto con mi edad ni mi personalidad.
Estaba cayendo cada vez más profundo.
Sofía, después de duchars