—¿Quién te pidió ayuda? — reí irónica.
—No te creas tan importante. Ni por la fuerza aceptaría un centavo tuyo. Usar tu dinero para recuperar el brazalete de mi madre... me aterra que pueda manchar su camino en el más allá.
—María, ¿por qué hablas con tanto veneno y sorna? —Antonio sonaba herido y furioso.
—Ja, mi veneno al hablar es nada comparado con tu maldad como persona.
Con ese último comentario lleno de rabia, corté la llamada sin darle oportunidad de responder. ¡Estaba completamente fuer