Me sobresalté y rápidamente bajé del auto, sintiendo el rostro arder de vergüenza al darme cuenta que me había quedado profundamente dormida durante todo el trayecto.
—Lo siento mucho Pedro, este auto es tan cómodo que me quedé dormida. Debió despertarme —me disculpé mientras alisaba nerviosamente mi ropa arrugada.
—No se preocupe señorita Navarro, el señor Lucas nos pidió que no la despertáramos. Dijo que seguramente estaba agotada por el trabajo —respondió Pedro sonriendo mientras hacía un ges