Me recompuse rápidamente aunque por dentro me sentía desanimada, y respondí sonriendo:
—Al menos yo lo tuve, que es mejor que ciertas pobres almas que solo pueden soñar y fantasear.
—¡Tú...! —Daniela rechinó los dientes de rabia.
—¡María! —se oyó de repente la voz de Sofía, que se acercó rápidamente y me tomó del brazo—. Perdón, insistieron en terminar la partida de cartas y me retrasé... ¿Estás bien?
Negué con la cabeza:
—Estoy bien, vamos.
Sofía conocía a Daniela, después de todo nuestra enemi