A primera hora, Lucas llamó para ofrecerse a llevarme al juzgado, preocupado por mi pierna, ya que la noche anterior le había comentado sobre la audiencia para evitar que viniera a buscarme sin avisar.
—No hace falta, es mejor que no estés presente en esta situación. Mis amigas vendrán a ayudarme —respondí.
—De acuerdo, esperaré tus noticias.
—Bien.
Cuando colgué, sonó el timbre: eran Sofía y Rosa con una silla de ruedas para facilitar mi movilidad. Era una sensación extraña ser empujada en ella