—No, mejor no —negué con la cabeza, temerosa de que se agachara a ayudarme a calzar.
—No hace falta, me quedaré con estas —dije, refiriéndome a mis pantuflas que eran cómodas y fáciles de quitar para el tratamiento.
—Bien, total vamos en auto.
Me sostuvo con una mano mientras abría la puerta con la otra, recordándome con dulzura que tuviera cuidado al caminar y que no había prisa.
Ningún amigo común, menos del sexo opuesto, tendría tantas atenciones y paciencia.
Aunque no había confirmado nuestr