Me rechazaron por esa razón; me lo dijeron de manera muy sutil, sugiriendo que sería más adecuada como modelo de lencería y que lo pensara bien.
¿Pensar qué diablos? Aunque me encantaba ganar dinero, no estaba tan desesperada como para valerme de mi busto.
Además, en cada desfile siempre había algún aprovechado que intentaba propasarse. Cuando Antonio se enteró, se opuso rotundamente a que siguiera modelando.
Ahora, después de tantos años, pienso en lo maravilloso que era ser joven. Aunque estáb