—Carmen, siguiendo tu lógica, ¿entonces debería profanar el cuerpo de Isabel hoy para vengarme por haberme robado a mi esposo? —solté sin más.
Mi comentario causó conmoción instantánea en el lugar.
Continué hablando con toda calma: —Aunque este hombre no sea gran cosa, incluso si yo no lo quería, lo correcto habría sido que tu hija lo recogiera después de que yo lo dejara, no que me lo arrebatara. Eso no tiene justificación alguna.
—¡María! —Antonio me interrumpió con voz severa, mirándome con u