De repente, el lugar quedó en completo silencio. Solo la suave música fúnebre resonaba en el salón, creando una atmósfera sumamente extraña.
Bajé la mirada con indiferencia hacia Antonio, que seguía arrodillado frente a mí. Me sentía extraordinariamente tranquila, incluso se dibujó una sonrisa en mis labios.
Este viaje no había sido en vano, había presenciado todo un espectáculo.
El enorme diamante del anillo despedía un brillo deslumbrante que me hizo entrecerrar los ojos. Solté una risita: —An