Antonio la pasó peor, las tijeras afiladas como punzón cayeron verticalmente, dejándole un agujero sangrante en la pierna.
Mientras veía la sangre brotar entre sus dedos que presionaban sobre su rodilla, respiré agitada por el susto, pero no pude evitar pensar: quien siembra vientos, cosecha tempestades.
Este incidente repentino nos dejó a ambos atónitos.
El teléfono había caído en algún lugar, y en medio del silencio sepulcral, se escuchaba la voz preocupada de Lucas.
Reaccioné y busqué rápidam