Capítulo 118
—No, yo tampoco.

Su tono se volvió más autoritario:

—¿Quieres que envíe a alguien ahora mismo?

Abrí la boca, sosteniendo el teléfono sin saber qué decir, y finalmente, resignada, rectifiqué:

—Está bien... tengo un pequeño rasguño en el brazo, ya lo traté, con un par de curitas es suficiente.

—¿Solo un rasguño?

—Sí.

—¿Estás en el taller o en tu casa?

—En el taller.

—Regresa a casa, no sigas trabajando, asegúrate de cerrar bien puertas y ventanas, y si hay alguna emergencia, llámame y yo me encarg
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