Como si Aisha lo hubiera llamado con la mente, Alejandro salió de su carro.
Él al ver a la enardecida multitud que estaba atacando a Aisha fue que intentó abrirse paso, pero le era imposible ya que entre las enfermeras y los doctores no podía encontrar un punto de apertura.
— ¡Es suficiente! — Alejandro dió varios tiros al aire y todos se vinieron al suelo mientras cubrían su cabeza — ¡¿Acaso se han vuelto locos?! Son unos salvajes que están agrediendo a mi futura esposa, esto no se va a qued