Respiro profundo, para no sucumbir a la tentación que es para mí escucharlo llamarme esposa. Después de todo, no puedo basar mis decisiones en emociones o me meteré en un problema más grande.
— Te escucho. — digo.
— Primero debes ser atendida, Dove. Estas herida.
— Estoy bien.
— No lo estas. Pero, no necesitas hacer esto para que yo te diga que sucede con mi familia, porque te lo contaré. Te dije que lo voy a hacer y dime, ¿Cuándo he faltado a mi palabra?
Es verdad. Sí, hay algo que debo recono