Un cachorro.
Haniel detuvo las caricias en su hombro derecho, lo sintió tensarse y sabía que eso era todo. Lo echaría del departamento, a la calle.
—¿Adoptaste a un perrito? —Y Dios, quiso reírse. Que tan irónico resultaba ser su vida porque... —. Bueno, no tenía idea de que te gustaban los...
—No, Haniel, estoy... embarazado —confesó y el silencio reinó por unos largos segundos.
Silencio, solo el tic tac del reloj y luego, las carcajadas de Haniel inundaron la estancia. El frío lo envolvió cuando su novio