Marcos no había sentido tanto miedo en su vida como cuando lo llamaron del hospital. Esas palabras habían hecho que dejara a Eduardo que le estaba contando que habían sentenciado a Justin y a Ryan a veinticinco años, con la palabra en la boca. Nunca en su vida había agradecido tanto, cuando salió de la oficina como alma que lleva el diablo y lo menos que había encontrado, era tráfico.
A Sam la habían trasladado a una habitación pues después de que habían conseguido reanimarla la primera vez, ha