Habían pasado dos días desde el increíble suceso. Dos días en los que Samantha no había puesto un pie en la empresa debido a todos los encargos que su padre le había encomendado. Dos días sin haber visto a Marcos. Dos días que llevaba sin dormir.
Sam en cierta manera se alegraba de no haberle visto el pelo al hombre que la traía de cabeza. De no tener que hablar de un acontecimiento que ella misma había suscitado. Porque si algo había intentado Marcos una vez ella había salido del trance, habí