Bastardos

— ¿Shis?

El vestíbulo estaba fresco y oscuro. La palabra desapareció en el silencio como una piedra por un profundo pozo.

Santino volvió a llamar.

— ¿Shis?

Nada. Incluso el tictac del reloj empotrado en la pared se había detenido. Esa noche no había estado nadie para darle cuerda.

No obstante, existían huellas en el piso.

Santino pasó por el pasillo, rumbo a la oficina de Shis.

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