Su polla estaba dura como una piedra y goteaba mientras empezaba a masturbarse con rudeza. Estaba tan sensible al tacto que casi se corrió solo con eso.
—Necesitas que te enseñen modales, ¿no, bambina? —susurró con amenaza, luego agarró un cachete del culo y lo apretó con un puño.
La respiración de Janet se cortó de anticipación segundos antes de que él hundiera tres dedos gruesos directamente en su coño apretado y cálido sin previo aviso con la otra mano.
—Vincent. Misericordia —chilló Janet a