CAPÍTULO 31. Deseos imposibles
CAPÍTULO 31. Deseos imposibles
Era una mula terca, pero era igual a él en todos los sentidos, precisamente por eso sabía que no descansaría hasta escaparse de allí, estuviera recuperada o no.
Así que caminó con paso decidido hasta su sala de trabajo y sacó aquel dibujo que llevaba dentro del libro, porque no había estado leyendo, había estado dibujando.
—Necesito esto para ya —siseó poniendo el dibujo frente a su encargado de armamento y el hombre lo miró como si le estuviera enseñando la bomba