CAPÍTULO 25. Un hombre desesperado
CAPÍTULO 25. Un hombre desesperado
Adriano respiró hondo, pero tenía toda la intención de ayudarlo porque con acuerdo o sin él, indudablemente le había salvado la vida al idiota de su hermano más de una vez, así que salió a poner a todos en estado de alerta.
Renzo cerró el libro, con los ojos fijos en la portada y aquella sangre amenazando hervirle en las venas, hasta que lo dejó a un lado con una maldición y se dirigió a su sala de control, sosteniéndose ese costado donde todavía tenía sus dos