Asher
La seguridad de Alena me había dado el valor que necesitaba para hablar con Hazel.
En cuanto Hazel y yo nos sentamos en la sala, ella echó un vistazo alrededor de la casa.
—Tu casa es realmente impresionante, Asher. Tal como siempre la describías cuando estábamos en Estados Unidos.
Mierda. ¿También le hablé de mi casa? ¿Qué más le habré contado?
—Seré honesto contigo, Hazel —dije—. ¿Puedes hacer lo mismo conmigo?
—Claro, ¿por qué no?
—Me alegra oír eso —admití—. Así que aquí va: hasta que