ELIOT MAGNANI
Entré al club con paso firme y la sangre hirviendo, buscando con desesperación a Cristine. No dejaba de recordar su voz alterada en el teléfono y sus preguntas cargadas de dolor. Necesitaba encontrarla y corroborar que estaba bien, no me importaba si se disgustaba al verme, ya me podía imaginar esos ojos verdes furiosos reprochándome; tampoco me importaba si tenía que sacarla de aquí cargando mientras gritaba y pataleaba.
—¿Eliot? —escuché la voz de Berenice, quien me tomó por so