CRISTINE FERRERA
—Te queda hermoso… —dije mientras revisaba los últimos ajustes en el vestido de Berenice. La boda estaba cerca y todos estábamos muy emocionados.
—Gracias, Cristine —contestó con los ojos cargados de ilusión—. En verdad, significa mucho para mí que seas tú quien me dé el vestido.
Le sonreí con ternura y tomé sus manos. Parecía un ángel y hacía vibrar mi corazón.
—Estoy muy feliz por ti y por Luca. Están formando una familia muy bonita. Enderezaste a ese mujeriego arrogante. —