SLOANE D’MARCO
—¿Lo recuperaste abriéndole las piernas? ¡Vaya hazaña! —exclamó Carla burlona, pero podía notar que la tristeza había dado paso a la furia ardiendo en sus ojos y sus mandíbulas apretadas.
—Sí, bueno. Con sexo y diciéndole que sería padre una vez más fue suficiente —agregué con ponzoña en cada una de mis palabras. Esta pequeña lombriz iba a aprender lo que era destilar veneno de una verdadera serpiente como yo. Que todo el dolor que mi padre me generó desde mi adolescencia sirvie