ELIOT MAGNANI
Como la mujer previsora que era, Cristine sacó de un pequeño bolso ropa interior nueva, la cual me causó gracia que no fuera lencería sexy, sino un conjunto de algodón con florecitas rosas que la hacía ver encantadora. La mujer seductora, la devoradora de hombres, se había ido de sabático y se había quedado la dulce y tierna esposa que horneaba galletas en sus ratos libres.
Se acomodó unos pantalones de mezclilla y una camiseta holgada. Se veía más juvenil y fresca, incluso me pr