ELIOT MAGNANI
Cuando por fin me desperté estaba completamente adolorido y en la alfombra de la sala. Apenas me pude sentar cuando recordé la noche tan intensa que había tenido con Cristine y no pude más que sonreír. La busqué con la mirada, notando que me había dejado solo y admito que una punzada de angustia me invadió, pero el olor a tocino y huevos me hizo descifrar dónde estaba.
Me acomodé los pantalones, pues era lo único que encontré, y cuando me asomé a la cocina la vi usando mi camisa,