Lisa.
Estaba perdiendo la puta cabeza.
Dos meses enteros. Sesenta y tres días desde que Liam se fue a ese estúpido campamento de entrenamiento de fútbol al otro lado del país. Sesenta y tres noches durmiendo sola en la gran casa que pertenecía a él y a sus hermanos. No tenía a dónde ir, ni familia, ni dinero para mi propio lugar, y Liam me había dicho dulcemente que podía quedarme todo el tiempo que necesitara. “Los chicos cuidarán de ti”, había dicho con esa sonrisa inocente antes de besarme a