El juguete era suave y curvado, de unos quince centímetros de largo.
—Siempre he fantaseado con cómo se sentiría de verdad tener esto dentro de tu coño, Amy —dijo ella, girando el objeto como si lo examinara con atención.
—Todavía no es tarde para probarlo —respondí, observándola mientras lo encendía. El zumbido lento y constante llenó la habitación en silencio.
Ella se colocó de nuevo entre mis piernas aún abiertas. Me preparé, esperando pacientemente a que deslizara el pene artificial dentro