No llevaba camisa. Solo una toalla colgando baja alrededor de su cintura, dejando al descubierto la marcada V que desaparecía debajo de ella.
Mi mirada recorrió su cuerpo y mi boca se abrió ligeramente.
Dios, ¿quién demonios era este bombón?
Gotas de agua aún se adherían a su piel como si acabara de salir de la ducha. Su cabello húmedo caía sobre su frente y el aroma a jabón parecía flotar a su alrededor. Parecía un hombre de unos cuarenta y tantos años: guapo, seguro de sí mismo y con un encan