La casa de la fraternidad vibraba con una energía contenida cuando llegué, el bajo de un altavoz haciendo temblar las tablas del suelo. Unos cuantos chicos holgazaneaban en el salón, asintiendo a modo de saludo mientras pasaba… Matthew, con su sonrisa fácil, y Chris, el que había retado aquel beso en la fiesta.
«¡Kelly! Qué bueno que viniste», llamó Tyler, pero Roland apareció desde la cocina, echándome un brazo alrededor de la cintura con posesividad.
«Está conmigo», dijo, voz ligera pero firm