Capítulo 61: Las mentiras tienen patas cortas.
Por un momento, Alejandra se quedó paralizada, sin saber qué decir. Tomó el peluche, se notaba que había sido hecho a mano, no pudo evitar que su corazón se llenara de alegría y tristeza al mismo tiempo, al recordar que en algún lugar del mundo estaba su pequeña con una edad similar a la niña frente a ella.
Finalmente, se inclinó y abrazó a la pequeña con todas sus fuerzas.
—Hola, princesa —dijo, con lágrimas en los ojos—. No es necesario que me des tu Copito.
—Entonces, le diré a mi papi que t