TERESE
Me acurruqué hecha un ovillo sobre el helado suelo de cemento. El frío intenso del almacén me calaba hasta los huesos y me hacía temblar incontrolablemente. Las lágrimas corrían por mi rostro en un torrente continuo y caliente que no lograba calentar mis mejillas congeladas en esta oscura y sofocante prisión.
El pesado silencio del sótano solo se rompía por el sonido de mis propios sollozos desesperados mientras miraba fijamente los robustos barrotes de hierro que bloqueaban la única ven