BARBARA
Aún intentaba asimilarlo todo cuando Troy me guió hacia una elegante furgoneta negra aparcada justo delante del edificio, y Sofía ya me sostenía la mano como si no quisiera soltarme. En cuanto se abrió la puerta, me quedé paralizada un poco porque el interior parecía más un salón de lujo que un vehículo, con asientos de cuero suave, una mesita y hasta una mini pantalla.
—Pasa —dijo Troy con calma, notando mi vacilación mientras me indicaba que entrara primero—. Pronto te acostumbrarás,