SEBASTIÁN
Me senté solo en el frío suelo del sótano mientras me abrazaba a mí mismo y, por primera vez en toda mi vida, comprendí verdaderamente lo que significaba perderlo todo. La oscuridad que me rodeaba parecía interminable, y cada hora que pasaba parecía robarme otro pedazo de mis fuerzas.
Mi cuerpo se sentía débil por la mala alimentación, la falta de sueño y el estrés constante de estar atrapado bajo tierra, pero nada de eso dolía tanto como saber que otro hombre caminaba por ahí usando