“No hay mejor guerrero que aquel que no se rinde ante el yugo”.
Después de salir de ver a mi cliente y a Sulivan, llego a casa de mis padres bajo protección, y debo admitir que mi alma regresa al cuerpo cuando los veo sanos y salvos.
No sé qué sería de mi vida si algo les pasara a uno de ellos; los encierro en mis brazos mientras mis padres me abrazan en los suyos, mi lugar seguro.
—Mami, llegas tarde —dice Ed.
—Mami tuvo que resolver un problema muy grande, amor, pero ya estoy aquí.
—La abuela