UN MAL ENTENDIDO

Lucciano sonrió al verla ahí indefensa y a disposición suya, fue al pequeño mini bar cogió unos cubos de hielo y se acercó a ella, la miró fijamente a los ojos.

— Cierra los ojos y siente me, deslizó muy despacio el hielo por sus labios. Lo fue bajando por su cuello, Luggina se estremeció no por el frío del hielo, era la excitación que estaba en su interior quemando del deseo que Lucciano despertaba en ella. Un

Ese cubito de hielo llegó a sus pezones, Lucciano hizo círculos en la areola y eso
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