El encuentro de sus labios y lenguas se volvió más intenso con cada segundo. Rápidamente, el frío había dejado de ser un problema, porque aquella terraza había comenzado a incendiarse con la cercanía de sus cuerpos hambrientos.
Amaya se aferró más al cuello de su cuñado, exigiendo que profundizará el beso.
La espalda de la mujer se apretó contra la pared, mientras esa mano áspera se colaba por debajo de la falda de su vestido.
Gimió en la boca de Damián tras el contacto en sus puntos más ínti