El automóvil llegó rápidamente a la mansión. Apenas el motor se apagó, Noah tomó el maletín, cerró la puerta y entró con paso firme. Se quitó el abrigo; lo dejó sobre uno de los sillones del recibidor mientras buscaba con la mirada a alguno de los empleados.
—¿Dónde está la señora?
Una de las empleadas apareció de inmediato.
—Está en el jardín, señor. Cerca de las glicinas.
Noah no perdió un segundo más. Caminó directamente hacia el jardín y, antes de llegar, disminuyó un poco el paso al distin