HELADO DE FRAMBUESA

Llego a casa y abro la puerta. Lana me saluda como si llevara no horas, sino días sin verme.

—Hola, peluda —la acaricio. Extrañado, miro por la sala y agudizo el oído. Al parecer no hay nadie porque ya mi amada esposa habría salido a recibirme con sus efusivos abrazos y besos—. ¿Dónde están la mamita y la hermanita? —le pregunto a Lana quien no deja de brincar.

Espero que se tranquilice y saludo a Lola, que está en su gimnasio e interiormente me río a
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