***ABEL***
Me arrepentí de haberle dicho eso, no quería que se espantara y parecía que eso era lo que había provocado al pronunciar aquellas palabras que salieron con naturalidad de mi. Mi hermosa joya, eso era lo que veía en ella; un invaluable tesoro hallado.
Ella me miraba estupefacta y callada.
Entonces dije una gran estupidez, para apaciguar la situación.
—...Mi hermosa... amiga... Verás, nunca he tenido una buena amiga como tú y tu compañía me hace sentir bien.
«¿En serio, Abel? ¿Acas