***ABEL***
Verla a ella y que me abrazara con tanta fuerza, alivió un poco el dolor de mi pecho. Me aferré a su cuerpo llorando, sin poder parar y ella estuvo en silencio sin soltarme.
Se mantuvo conmigo hasta que me llamaron para embarcar.
—Te quiero —me dijo al despedirse. En medio de la tristeza sentí alegría.
Traté de absorber su aroma para no extrañarla tanto.
Fue dificil el viaje porque no paraba de pensar en el estado de Miguel y Marcela. No quería ser pesimista, pero con el informe