No Te Perderé Otra Vez
El silencio entre Nate y Margareth fue denso, como un muro invisible y frío. Pero él no la miró dos veces. No le interesaban sus palabras ni su postura quebrada. Solo tenía una prioridad y corría con su nombre tatuado en la sangre.
Claire.
Nate atravesó los pasillos del hospital con el corazón golpeando en la garganta. Pisó el ascensor con la fuerza de una sentencia, golpeó el botón del piso de psiquiatría y apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron