PUNTO DE VISTA DE EMMAH
El día siguiente empezó de forma normal. Me encontraba junto a la pared de cristal de mi dormitorio; las luces de la ciudad se dispersaban como estrellas arrojadas sobre la tierra, parpadeando en silencio a lo lejos. Debería haberme sentido tranquila y segura. Pero el pecho me apretaba y mis pensamientos no se aquietaban.
Algo se avecinaba. Lo sentía.
Un golpe suave sonó en la puerta del dormitorio.
—Adelante —llamé con voz baja.
Una de las criadas entró con una bandeja