Irene sabía que su abuela se alegraría mucho si llevaba patatas a casa.
Los niños se habían calmado poco después y los profesores empezaron a llevar a sus respectivas clases hacia el campo para cavar en busca de patatas.
A cada clase se le asignó una zona e Irene se concentró en la tarea que tenía entre manos, pensando que ya nadie más se asustaría por ella.
Poco después, alguien le dio una patada por detrás. "¡Qué fea eres! ¡Eres un pequeño monstruo!".
Un niño agitó su pala de plástico y se