"Buena chica, Irene. Sé que eres la niña más obediente que existe". La abuela le dio unas palmaditas en la cabeza. "Te quiero mucho".
"Yo también te quiero, abuela".
"Mientras me hagas caso, te trataré como a mi propia nieta y te criaré con todo lo que tengo".
"¡Abuela, soy tu nieta!", dijo Irene con dulzura.
"¡Ja, ja, ja! Sé que estás enfadada, pero la señora lo arreglará. Una vez que esto se resuelva, ya no tendrás que mantener esa fea cicatriz", dijo la abuela.
"¡Está bien! Te haré caso,